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Global Witness: hacia la ruptura de los vínculos entre recursos naturales, conflicto y corrupción

Concebimos Global Witness en Londres en el año 1992, para abordar una situación específica y terrible: el comercio secreto de la madera que estaba financiando uno de los movimientos políticos y militares más repudiables del siglo veinte, los Jemeres Rojos. Este comercio financió, con hasta USD 20 millones al mes, la guerra de los Jemeres Rojos contra el pueblo camboyano.

Lo que identificamos fue un problema en gran medida pasado por alto por el gobierno, la sociedad civil y los medios de comunicación. No se trataba simplemente de derechos humanos, ni de medio ambiente, sino de la forma en que se tiene acceso a los recursos naturales - ya sea madera, diamantes, petróleo, cobre o cacao - y de la lucha por parte de empresas sin escrúpulos, ejércitos, mafias, dictadores y funcionarios corruptos por obtener estas valiosas mercancías sin considerar el costo humano, social, económico o ecológico. En resumen, lo que se ha llegado a conocer como "la maldición de los recursos": los países más ricos en recursos naturales son a menudo los más pobres.

Hemos sido pioneros, y continuamos siendo líderes, en este área, y gran parte de nuestro trabajo se encuentra actualmente incluido en políticas y organismos nacionales e internacionales como el G8, el Banco Mundial, el FMI y la ONU. El trabajo es arduo. Nuestros activistas realizan investigaciones en las regiones más peligrosas del mundo, recolectando pruebas para publicar informes realmente fidedignos, a menudo enfrentando amenazas físicas y legales. Nuestro trabajo continúa después en el circuito de grupos de presión de las capitales del mundo y sus más poderosas instituciones para tratar de alcanzar un cambio real; y lo estamos logrando.

Hemos recorrido un largo camino desde nuestras primeras investigaciones en Camboya, y hemos mantenido la pasión y el entusiasmo necesarios para tener éxito en nuestro trabajo, a la vez que nos transformamos en una organización perfeccionada, ágil y dinámica. Sin embargo, todavía hay mucho por hacer. Muchas de las guerras del mundo podrían ser evitadas; la habilidad de los dictadores para volverse fabulosamente ricos a expensas de sus pueblos y donantes internacionales podría ser limitada en gran medida; y podría ponerse fin a la impunidad de que gozan los actores financieros que realizan a sabiendas negocios corruptos o financian ejércitos rebeldes.

Sin duda, estamos iniciando una nueva y emocionante fase en nuestro desarrollo, todo ello en un contexto de creciente inestabilidad global. Tenemos la experiencia y la visión para provocar un cambio real en el mundo durante los próximos años, que son de fundamental importancia.